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jueves, 31 de julio de 2025

Poemas con excusa: décimas mortuorias

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Aprovechando que la muerte de los espacios virtuales es reversible, revivimos este blog para una nueva edición de los Poemas con excusa centrada en la otra muerte, la definitiva. En esta entrega, nuestros participantes habituales nos ofrecen décimas contra la Parca. Todas suss composiciones tomarán la estructura clásica de la espinela.

Con espíritu repentistaAlejo Steimberg construye la primera décima a partir de un octosílabo encontrado, a la sazón la frase de un amigo. El lector memorioso de este blog constatará que, como es habitual en la técnica de la improvisación, base del repentismo, Steimberg recurre al uso de rimas que ya había utilizado en composiciones anteriores para facilitar la fluidez de la composición instantánea.

Federico Reggiani, autor de la segunda décima, utiliza también una cita como disparador, en este caso los dos últimos versos de la primera estrofa de "Milonga de Manuel Flores", de Jorge Luis Borges. En las líneas que siguen, sin embargo, Reggiani se despega del estoicismo fatalista del texto fuente, introduciendo un toque de rebeldía luciferiana ante el fin inevitable de cada individuo.

Raúl Lozano permanece, en la tercera décima, en la misma tesitura. Discutiendo con el Creador, Palazón enlaza todas las muertes en una serie sin solución de continuidad, sin dejar de señalar lo indisociable de la experiencia vital con su finitud. Al final, aun acusando a su interlocutor divino de traición, la voz poética esboza la idea de que Dios muere también con cada una de sus criaturas.

Darío Steimberg termina la serie conservando el ánimo combativo, que desvía de la divinidad para dirigirlo contra la Muerte misma. Manteniendo el tono épico, la vida es presentada a lo largo del poema como la lucha eterna entre Eros y Tánatos. Esta última décima invita, de principio a fin y con energía contagiosa, a la defensa enardecida del impulso vital, representado con coherencia como un fuego. 

Estos poemas no tienen, faltaba más, pretensión de originalidad. Desde las elegías griegas hasta cualquier poema funerario de la actualidad, pasando por Coplas por la muerte de su padre, el epitafio que Shakespeare escribió para su propia tumba e infinidad de otras obras, la muerte ha servido de estímulo a la escritura y al arte. La razón no es misteriosa: dar salida estética a la pena, el dolor o la desolación es una prerrogativa humana. No utilizarla sería un pecado, quizás el único verdadero. 

***

sábado, 30 de abril de 2022

Estrofas en peligro de extinción III: el triolet, rondel y la poesía francesa medieval con estribillos.

Dentro de las diferentes formas poéticas que hoy predominan es muy extraño encontrar uso de estribillos. Da la impresión de que, en la medida en que la poesía y la letrística de canciones musicales se iban separando para reclamar espacios propios (a partir del siglo XV), cada una seleccionó y potenció ciertos rasgos en esa especie de camino hacia la especialización. Es por eso que no es en absoluto de extrañar haber llegado a un estado en el cual, no solo la repetición de versos, sino la rítmica misma y el compás hayan podido desaparecer, o como mínimo haber retrocedido hasta quedarse muy por detrás de las formas anisosilábicas. 



El uso de estribillos fue muy común durante toda la edad media como ya vimos en otros ejemplos como el del zéjel. Se dio especialmente en la poesía de carácter breve y más lírico como el villancico y la letrilla donde la narratividad es menos acusada, aquella poesía que nació de la mano de la música y los instrumentos. No lo encontramos en formas versales como el romance y las poemas épicos, o al menos, es menos frecuente y no forma parte de la estructura de los mismos.

El rondel fue una de las primeras de estas manifestaciones y constaba de trece versos octosílabos en la siguiente distribución de tres estrofas:

a'-b'-a-b    a-b-a'-b'    a-b-a-b-(b'/a')


Le temps a laissié son manteau

De vent, de froidure et de pluye

Et s’est vestu de brouderie

De soleil luyant, cler et beau


Il n’y a beste, ne oyseau

Qu’en son jargon ne chant ou crie:

Le temps a laissié son manteau

De vent, de froidure et de pluye.


Riviere, fontaine et ruisseau

Portent, en livrée jolie,

Gouttes d’argent et d’orfaverie,

Chascun s’abille de nouveau.

Le temps a laissié son manteau.

Algo bastante característico es que para un tipo de versificación consonante con una longitud de trece versos solo se usen dos rimas, pero si observamos con más atención, vemos que la dificultad no es tal, pues muchas de ellas se repiten en los estribillos (letras marcadas con ' ). Aun siendo una forma medieval recibió un particular renacimiento por parte de los poetas simbolistas del XIX, como Tristan Corbiere, Mallarmé o Theodore de Banville introduciendo variaciones y cierta experimentación comedida. Análogamente en el ámbito hispánico fue Medardo Angel Silva como buen escritor finisecular, quien hizo interesantes variaciones, tomando un soneto de trece versos y, en lugar de repetir los versos para crear estribillos repetir solo la palabra final. 

Bailas: grácil y fino, sobre la alfombra,

tu cuerpo adolescente rápido rueda;

y el alma siente anhelos de ser tu sombra

para morir besando tu pie de seda.


Lo rojo de tu veste la muerte incita

y el beso que en tus labios suspenso queda

roba el aire oloroso que fresco agita

tu cabello ondulante de nardo y seda...


Mi espíritu doliente sigue los trazos

de tu planta que un albo lirio remeda

tus mejillas enciende sus rojos rasos

y el corazón quisiera ser mil pedazos

para que lo triture tu pie de seda!


El triolet es una forma estrechamente relacionada con el rondeau , el rondel y el rondelet , otras formas  que se basan en la repetición y la rima. Parece haber tenido su origen en la zona Picardía . Los primeros ejemplos escritos son de finales del siglo XIII. Su estructura más común consiste en lo siguiente:

a'-b'-b-a'   a-b-a'-b'

Al igual que las formas anteriores se solía dar en octosílabo, ya que parece una evolución misma de estas. Dentro de las formas medievales con estribillos, el triolet ha sido la forma con más representación fuera de su contexto de origen. Entre todas ellas, la relativa supervivencia del triolet probablemente se deba a que la repetición de versos es mucho más marcada que en el rondel o el rondeau, de forma que los versos que se repiten, más que suponer un estribillo o un elemento que refuerza la musicalidad, supondrían la base misma y la estructura del poema, pues vemos que, para ocho versos, cinco de ellos son repetidos. Esto es algo tremendamente disrruptivo en cuanto a estructuración formal, pues nos aleja del resto de formas en sus fundamentos mismos. A este hecho hay que sumarle la brevedad, tan solo ocho versos de arte menor, algo que compositivamente lo sitúa, salvando las distancias, en la línea de formas breves de carácter minimalistas como el haiku tan populares en los últimos cincuenta años. Aquí un ejemplo de Manuel González Prada, seguramente el más conocido en lengua española:

Algo me dicen tus ojos;

Más lo que dicen no sé.

Entre misterio y sonrojos,

Algo me dicen tus ojos.


¿Vibran desdenes y enojos,

O hablan de amor y de fe?

Algo me dicen tus ojos;

Más lo que dicen no sé.

Si bien estos son dos ejemplos de la lírica medieval francesa con estribillo la lista de formas es interminable y ha sido un recurso muy poco explotado en lengua española por habernos centrado excesivamente en nuestra propia tradición. Entre las restantes encontraríamos el rondeau, el virelai, el lai, el árbol bifurcado. No vamos a entrar en estos porque son básicamente variaciones unos de otros con diferentes esquemas de repetición, pero más abajo dejaré una serie de tablas con las diferencias entre ellos. Todo esta tema podría hacerse incluso más complejo si tenemos en cuenta que dentro de cada uno había variaciones o autores que introducían cambios en los mismos, pero como siempre decimos en este blog todo lo que se ofrece aquí son herramientas que vosotros mismos podéis usar, hacer y deshacer a vuestro antojo así que no dejéis de improvisar con el material base que se ofrece.






martes, 8 de marzo de 2022

Apuntes para una reinvención de la métrica: palabras fénix y rimas potenciales de una palabra

  El ave fénix es un ser mitológico que según cuenta la leyenda cuando muere envuelto en sus llamas es capaz de resurgir de sus propias cenizas. ¿Qué es entonces una palabra fénix? Pues una palabra que solo rima de forma consonante con sigo misma, y por tanto, para la que no existen rimas consonantes posibles. Fue Martín de Riquer quien acuñó el término que define este fenómeno, aunque si lo pensamos fríamente, parece algo contradictorio llamar fénix a una palabra cuyo final no puede renacer en otro verso.



Ampliando este concepto según sus consecuencias lógicas podemos pensar en la capacidad de rimado como una propiedad de la palabra en cuestión. Desde este punto de vista, si el hecho de tener cero rimas resulta en una aspecto que define las características formales, ¿no debería ser, por ejemplo, tener una sola rima, otro de los aspectos que definen sus características formales según este parámetro? ¿y no debería ser, tener dos, tres o cuatro rimas en potencia, otra de estas características? De hecho si tenemos en cuenta estos agrupamientos resultaría que todo el léxico de la lengua española podría clasificarse según el número de palabras con las que rima. Desde las palabras fénix, hasta una rima hipotética para la cual habría más posibilidades que con ninguna otra, pudiéndose así mismo, calcular los porcentajes para cada una de ellas.




Desconozco si para la lengua española o alguna otra se ha hecho algún estudio de este tipo, lo que sin duda sería de gran interés para la poética aplicada. Lo curioso de esto es que podemos ir aún más allá. Si aplicamos este método de clasificación de léxico a otras lenguas y comparamos los resultados entre sí, veríamos que algunas de ellas tienen altos porcentajes en los grupos de palabras con una o dos rimas potenciales, mientras que otras tendrían porcentajes más altos en la zona cercana a las palabras con rima potencial máxima. De hecho cada idioma tendría una rima potencial máxima concreta, o incluso varias si el número de dos de ellas coinciden. Según estos parámetros podría definirse la "rimabilidad" de una lengua según su tendencia a acumular más léxico en zonas con más rimas potenciales, aunque, por supuesto los resultados no tienen por qué ser homogéneos y cada lengua, según sus propias particularidades tendría porcentajes más altos en según qué zonas.

Más allá de estas cuestiones ¿Qué puede aportarnos en la creación poética y en las consideraciones métricas el uso de palabras fénix o tener en cuenta las rimas potenciales? 

Una de las de las aportaciones tiene que ver con el control mismo de los procesos de rimado y la técnica de este, inconscientemente muchos escritores saben elegir las rimas que aporten más opciones a la hora de establecer consonancias y estas, por supuesto, serían palabras buen número de rimas potenciales. En la otra cara de la moneda tenemos las palabras que los escritores saben que deben evitar, aquellas que por la sonoridad y la experiencia infructuosa acumulada se sienten como difíciles de rimar y que serían aquellas con rimas potenciales muy poco numerosas, hasta llegar a las "inrimables" palabras fénix. Lo curioso es que una tercera vía sería usar rimas difíciles adrede para así obtener la sonoridad atípica que se genera en una pausa versal que no estamos a oír. También sería muy interesante ver qué tipo de poema queda después de pasar, durante el proceso de escritura, por la traba que supone encontrar rimas para estas palabras. 

Cabe recordar que las palabras fénix SÍ pueden rimarse de forma asonante, aunque el reto, en ese caso es lo limitado de este tipo de palabras (de eso tratará nuestra próxima consigna) 

Por último os dejo la lista de palabras fénix que hemos ido elaborando por iniciativa de David Valeiras, aunque hay muchísimas más de las que estas son solo un ejemplo:

Agrio

Águila

Ántrax

Árbol

Arduo

Aunque

Azufaifo

Biblia

Botox

Bou

Cactus

Cadmio

Cáliz

Camedris

Cáñamo

Carácter

Cárcel

Céfiro

Cénit

Ciclópeo

Cisne

Condor

Cogito

Compra

Cósmico

Cuerpo

Cursi

Décimo/a

Derbi

Designio

Diezmo

Difícil

Dócil

Epíteto

Epítome

Eréctil

Esfinter

Estéril

Exégesis

Fénix

Fértil

Ganglio

Garfio

Ígneo

Imbécil

Impertérrito

Incógnito

Índice

Íntegro

Ínterin

Jínjol

Kéfir

kármico

Mármol

Melifluo/a

Mísero

Nácar (Krahe la rima con Mojácar)

Naipe

Neutro

Níquel

Níspero

Ónix

Pámpano

Párroco

Pelícano

Pelvis

Perenne

Pértiga

Prístino/a

Quepis

Sátiro

Sátrapa

Sepia

Siempre

Tantra

Tenis

Textil

Tiempo

Torpe

Tránsito

Travesti

Tundra

Venus

Vulva


jueves, 13 de enero de 2022

Apuntes para una renovación de la métrica: ¿Arte mínimo?

 En la entrada teórica anterior hemos estado hablando sobre la diferencia entre arte mayor y arte menor. Hemos dicho que de haber una diferencia entre ambas esta ha de tomarse en términos estrictamente formales y no de otro tipo. Pero ahora os lanzo una pregunta: ¿hay una diferencia mayor entre un eneasílabo y un octosílabo? ¿o entre un tetrasílabo y un octosílabo?  Lógicamente, pensareis, hay una mayor diferencia entre el tetrasílabo y el octosílabo por una cuestión de mera longitud del verso, pero más allá de esta evidente observación, la realidad es que los mecanismos de versificación cambian radicalmente cuando bajamos de las seis sílabas métricas. 



La tradición (a la que conviene mirar con una mezcla de interés y escepticismo) parece corroborar este hecho, ya que las formas pentasilábicas por sí mismas y sin mezclar con otras no aparecen hasta entrada la modernidad con la consecuente búsqueda de originalidad y de nuevas fórmulas. El hexasílabo por su parte es muy común en romancillos y formas de arte menor, incluso en la literatura popular y parece, de hecho formar la frontera de lo razonable durante aquellos tiempos.

En este cambio tan intenso en la manera de versificar es donde podría situarse la diferencia entre verso de arte menor y verso de arte mínimo. Pero si usamos un nuevo término para hablar de esta clasificación ¿qué características tendría esta nueva forma o "arte" de versificación?

Curiosamente es un tipo de verso bastante minimalista en el sentido mas naíf del término, es decir, la longitud silábica te obliga a desprenderte de todo aquello que no sea estrictamente esencial es un su desempeño expresivo. Esto se da con mayor intensidad cuando más se acorta el verso y especialmente en el bisílibao y el trisílabo. En muchos casos la longitud nos impide incluso introducir los sustantivos con artículo. El uso de esta forma de versificar es bastante moderno. Espronceda, por ejemplo nos sorprendió en El Estudiante de Salamanca con estos versos que abren en trisílabo  y resuelven en cuatro, algo increíblemente revolucionario para su época y que ha pasado relativamente desapercibido.

 
       El ruido      
       cesó,

       un hombre
       pasó
       embozado,
       y el sombrero
       recatado 
       a los ojos
       se caló.
       Se desliza
       y atraviesa
       junto al muro 
       de una iglesia
       y en la sombra
       se perdió.



La batería de recursos métricos del modernismo y su afán regeneracionista hace evidente que serían estos escritores algunos de los más prolíficos continuadores de esta línea de producción, y los ejemplos no son pocos, pero seguramente el trisílabo más conocido de la lengua española es el sonetillo de Manuel Machado dedicado al verano. En mi opinión muy justificadamente ya que cumple su función como ningún otro, que es, decir lo que se quiere de forma precisa y completa usando un número de palabras tan reducido como la longitud del verso lo dicte: 


Frutales
cargados.
Dorados
trigales...

Cristales
ahumados.
Quemados
jarales...

Umbría
sequía,
solano...

Paleta
completa:
verano.


El trisílabo podemos encontrarlo incluso hoy en día en el mundo del rap, por la contundencia que produce la pausa versal casi contante, como podemos ver en este ejemplo de Prok.

La quiero 
la mama, 
el barrio 
me llama
Y tengo 
mil gana', 
no quiero esta' en la cama (no)
Mi Inma, 
mi Ayax, 
el Rafa, 
Granada
No va a pasarle' nada

La cama, 
el karma, 
problema' 
del alma
Lo grabo esta semana
Mi pena 
no sana, 
mi gata 
Roxana
La cena 
ganarla,
[...]



El bisílabo por su parte ofrece una recepción y una producción mucho más compleja que el resto, más incluso que el trisílabo. Mientras en tres silabas métricas puedes permitirte introducir algún pronombre, en el bisílabo no va a ser así. 
La introducción de un pronombre implicaría que: si la palabra siguiente es monosílaba esta estaría forzosamente con un acento tónico y por lo tanto un acento métrico más (ej. el sol / la mar), mientras que si añadimos un bisílabo lógicamente nos vamos a pasar en número. Esto crea una serie de circunstancias que hacen que en muchos casos el verso bisílabo sea una mera sucesión de palabras que más o menos riman entre sí pero que no dejan de ser frases cortadas con poca flexibilidad en su dicción.

Uno de los ejemplos más claros durante aquellos años lo escribió Gertrudis Gómez de Avellaneda nada menos que en 1844 y que, no solo empieza en arte mínimo sino que va aumentando la longitud de los versos simulando formalmente el amanecer.

Noche
triste
viste
ya
aire,
cielo,
suelo,
mar. 


Más modernamente, el versátil José Hierro escribió un sonetillo en bisílabo, algo menos orgánico que los bisílabos de Gertrudis. Es menos orgánico porque él sí utiliza pronombres para crear el bisílabo, lo que hace del poema un larguísimo encabalgamiento con cortes constantes:

Di
 fe 
de 
 que
 fui
No
  
hoy 
lo 
que
 soy

Del tetrasílabo no hablaremos porque en esencia no es tan radicalmente diferente de el resto de modos de versificación como para elaborar un apartado teórico, aunque se podría resumir en los mismo: decirlo todo con muy poco, esa sería la esencia del "arte mínimo" si así lo podemos llamar

jueves, 30 de diciembre de 2021

Poemas con excusa: Zéjeles de Oriente

 En nuestro quijotesco y anacrónico proyecto de recuperación de formas en desuso estamos de enhorabuena, tenemos nuevas aportaciones, buenas y cuantiosas, además de una nueva hornada de participantes que seguramente nos den buenas y gratas sorpresas.

La forma propuesta ha sido el zéjel del cual ya hicimos una entrada explicándolo, mientras que el tema o consigna ha sido: que los poemas contuvieran la palabra oriente, o bien que fueran en sí, textos orientalistas.


Empezaremos con el ejemplo de un servidor, Raúl Lozano. Está construido según el esquema propio del género, distribuido en tres estrofas narra el viaje del sol desde oriente en su amanecer, pasando por el mediodía en la segunda estrofa hasta el ocaso en la tercera. Por el contenido y la vuelta a la mudanza antes de cerrar el poema se sobreentiende que es un poema cíclico y se podría volver al primer verso para seguir leyéndolo (cada estrella representa /que un reloj de arena cuenta / el retorno de lo ausente) Formalmente se trata de un poema correcto, pero sin grandes efectos o variaciones respecto al originar, no obstante, ha cumplido su labor de ejemplificar lo que es un zéjel clásico.

Hacia oriente

Giro vida, mente y frente

Donde el sol nace y adora

Con su cara soñadora

Luz a luz en hora y hora

Como yema floreciente.

 

Hacia oriente

Giro vida, mente y frente

Cuando el fuego le rocía

Bajo el seco mediodía

Como látigo que guía

Al igual y al diferente.

 

Hacia oriente

Giro vida, mente y frente

En la noche parda y lenta

Cada estrella representa

Que un reloj de arena cuenta

El retorno de lo ausente.

 

Hacia oriente

Giro vida, mente y frente

Esta es la aportación de Víctor Atikof. Ha explorado una faceta más corta dentro del zéjel como composición, algo que sin duda le da mucha más ligereza y es muy necesario para darle vida y variedad a esta forma. El tetrasílabo inicial se convierte en bisílabo y los octosílabos se vuelven hexasílabos. Este tipo de alteraciones siempre quedan bien, de manera análoga a lo que ocurre con el romance y el romancillo, como forma más ligera de un mismo proceso que conserva la esencia de su hermana mayor.

Pero lo más interesante sin duda es la alternancia entre versos de seis y cinco sílabas para las partes que corresponderían a la mudanza. Esto hace que el ritmo sea más ligero y flexible. Coquetea con el verso libre, pero al leerlo se hace evidente que en ningún momento ha dejado de ser un zéjel.

Y en cuanto a la consigna, el poema trata un tema orientalista como lo es la imagen de Buda con referencias al Arbol de Bodhi (al árbol medita), a la deidad tentadora según el budismo (Mara), y por último a su ascensión y experiencia de iluminación (visión desnuda)

Buda

ante la duda

Al árbol medita

Mara lo incita

respira y evita

la tentación muda


Buda

ante la duda

Su luz le levita

Y vence bendita

Ya nada le quita

visión desnuda


Buda

ante la duda

El siguiente poema es una aportación de Marco Antonio. Formalmente es una zéjel clásico formulado a la perfección según el conocido modelo de Lope de Vega que pusimos como ejemplo. Esta fórmula está enriquecida con recursos literarios diseminados por el poema: vemos algunos casos de homonimia muy interesantes (oriente como verbo en presente de tercera persona del verbo orientar y oriente como punto cardinal) Tenemos por ejemplo una epanadiplosis que además puede leerse de forma capicúa (Tales son porque son tales). Se incluye un refrán que, para sorpresa de todos, cuadra perfectamente con la forma métrica seguida (No hay mal que por bien no venga) y con el sentido mismo del texto. Las antítesis son casi constantes como oposición de términos que resulta de los puntos cardinales y la contrariación de la condición humana. Lo más interesante de este poema es sin duda el mensaje que transmite: las oposiciones espaciales del mundo físico y geográfico son una representación de las contrariedades del sujeto, pero ambas deben aceptarse como parte de un proceso si se quiere reconocer y aceptar la naturaleza interna y externa que nos conforma y conforma al mundo. Cabe comentar que, curiosamente no cierra con una vuelta al estribillo.

Sur, y oriente, 

y septentrión, y occidente... 


Tales son, porque son tales, 

cuatro puntos cardinales, 

los que ubican nuestros males 

de costado, espalda y frente. 


Sur, y oriente, 

y septentrión, y occidente... 


Mas, según quién lo perciba, 

y según se oriente y viva, 

se torna la expectativa, 

de un ángulo, diferente. 


Sur, y oriente, 

y septentrión, y occidente... 


Y así, como si un resorte, 

parece que se comporte 

el sur como lo hace el norte 

y oriente como occidente. 


Sur, y oriente, 

y septentrión, y occidente... 


Y de la misma manera, 

los males que concibiera, 

al invertirse, los viera, 

como bienes de repente. 


Sur, y oriente, 

y septentrión, y occidente... 


De la diatriba a la arenga, 

no hay mal que por bien no venga 

ni vertiente que no tenga 

un sentido divergente. 


Sur u oriente, 

ya según cómo se oriente... 


Al margen de todo mal, 

todo bien es, al final, 

como un punto cardinal, 

como un punto inconcluyente...

La siguiente aportación es cortesía de Gines Solaeche. Lo más característico es que en el estribillo se altera el tipo de verso, es decir, el tetrasílabo es siempre el mismo mientras que el octosílabo va cambiando a partir de la tercera estrofa. Este recurso seguramente se ha utilizado para darle más variedad al poema y hacerlo menos repetitivo Este poema utiliza una vez más en modelo de Lope de Vega, siempre con consonancias. Lo más reseñable es cómo ha mantenido la intensidad textual a lo largo de tantos versos creando hermosas imágenes donde se relaciona el amor carnal como impulso vital con el sol naciente (oriente), que es además el que trae, tanto las lluvias como el sol en la costa mediterránea española. Este mecanismo de la erotización del sol se va desvelando hacia el final del poema (aunque pronto alces tu cante / por el rincón del levante /con tu aureo más pujante). El poema cierra con un verso decasílabo que encaja perfectamente en el cierre como variación de la forma parisílaba.

Desde oriente 

se oye la danza estridente


que en tu boca brilla inmensa

y el aire en tu voz se tensa

cuando se expande y condensa

en mi corazón caliente.


Desde oriente 

se oye la danza estridente


como música en la arena

melodía de azucena

que gira en el cielo y suena

al caer sobre mi frente.


Desde oriente

hasta el mar en occidente


un arrollo de oro lleva

el silvo de alma longeva 

que de tus labios se eleva

y en tus labios es corriente.


Desde oriente

nace sin luna el torrente


como flor de primavera

riachuelo hecho de quimera

y que anega al que bebiera 

con su cuerpo transparente.


Desde oriente

hay una brisa que es relente


un viento que cuando vuela

roza a la alondra que anhela

— sobre las nubes de tela — 

probar tu luz más ardiente.


Desde oriente

para morir en poniente


aunque pronto alces tu cante

por el rincón del levante

con tu áureo más pujante

y tu vientre incandescente.


Desde oriente 

hasta los confines de occidente.

Cerramos esta sección con la aportación de Aragón Mafra. En este caso se trata de un zéjel de rima asonante. El uso de este tipo de rima ha dado lugar dentro del poema a un espacio más amplio y libre para la elaboración de imágenes complejas y bellas. El estribillo, sin ir más lejos, resulta intenso y contundente (La raigambre/por los ecos de mi sangre). Resulta remarcable cómo el tema del orientalismo supone el origen en oriente mismo, España como punto medio donde esta forma es adaptada desde el mundo árabe, y América donde la mezcla cultural termina de forjarse a través del autor que crea el poema.  En este sentido el contenido es metapoético, en tanto que el tema tratado es a su vez la historia del propio zéjel, algo que, sin duda es un valor añadido.

La raigambre

por los ecos de mi sangre,

desde los viejos veneros

cruza mares y desiertos;

ha inundado mis esteros

y coloreado mi hambre.


La raigambre

por los ecos de mi sangre,

desde el ud, su melodía,

la guitarra y su armonía

con jaranas componía

de mis sones el enjambre.


La raigambre

por los ecos de mi sangre,

desde el Asia ha germinado,

en el África ritmado

y en España ha elevado

para América su cante.


La raigambre

por los ecos de mi sangre,

las conquistas son la sombra

de una luz que nos arroba,

pues escritos en la obra,

somos en la misma clave.

viernes, 22 de octubre de 2021

Apuntes para una renovación de la métrica: arte menor y arte mayor

 Seguro que todos hemos oído desde una edad muy temprana, en clases de literatura, en la escuela o en el instituto aquello de arte mayor y arte menor. Quienes dediquéis vuestro tiempo a asuntos literarios ya sea profesional o desinteresadamente, seguramente lo habréis seguido oyendo en tratados de todo tipo, en análisis textuales en verso etc. Y consiste en la clasificación de la poesía en dos grandes grupos según el número de sílabas que componen cada verso. Esto gráficamente se expresaría en la siguiente tabla: 



La distinción o dicotomía que se nos propone es de hecho bastante acertada y lógica teniendo en cuenta que la cantidad de sílabas métricas en un verso alteran sustancialmente la naturaleza formal del mismo.

 En el arte menor la pausa versal y la rima se dan con mayor frecuencia, lo cual tiende a darle al poema unas cualidades de ligereza y carácter popular que el verso de arte mayor no posee, mientras que su contrapuesta siempre se nos ha dicho que tiene unas cualidades de solemnidad y es más apto para temas serios y profundos... 

Lo anteriormente expuesto en cursiva no es en realidad una cita de ningún autor (pues espero que ningún estudioso tenga el valor de ser tan categórico) pero si que es en general una suerte de reduccionismo generalizado con respecto al uso y motivo del arte menor y el arte mayor, y que permanece en el imaginario colectivo a través de los años. 

Lo que podemos afirmar es que ambas formas requieren de procesos compositivos diferentes entres sí  y para afirmar esto podemos retrotraernos a la forma etimológica de la palabra "arte" Esta proveniente del latín ars y no se define en términos de creación estética como actualmente, sino en términos de "oficio" o "técnica". Esto nos sitúa en una perspectiva totalmente diferente ya que ahora esta clasificación nos es dada en relación a la producción del texto y no al producto final. Es de hecho un disparate asignar algo tan matemático como el número de silabas al contenido o fondo del poema. Lo más conveniente para no limitar las posibilidades creativas es ver esta cuestión, y esta división más como un recurso que como una norma. Ahora bien si lo vemos como un recurso y no como una norma desde la óptica puramente formal ¿Qué podríamos afirmar, pues?


    1. Que como ya hemos dicho antes, la frecuencia con que se da la pausa versal es más grande en el arte menor, dando como resultado una dicción más distendida. 

   2. Que en caso de seguir un patrón acentual fijo, el arte mayor se vuelve más complejo a medida que aumenta su numero de sílabas en tanto que surgen más posibilidades de combinar silabas acentuadas y no acentuadas. En caso de no seguir un patrón acentual este punto no es aplicable.

   3.Que en en caso de establecer una correlación en la que se haga coincidir la estructura sintáctica y la estructura versal, (como suele ser en la mayoría de casos más allá de encabalgamientos y recursos similares) el arte mayor tiende a una mayor acumulación de léxico debido a que en un verso largo hay más "espacio para meter palabras". En caso de no hacer corresponder sintaxis y verso este punto no es aplicable.

Dicho esto quedan las cartas sobre la mesa y ya solo queda que quien decida usar una u otra forma métrica lo haga libremente y con independencia de las jerarquías textuales elaboradas por gran parte de la tradición.  Como ejemplo y para cerrar os dejo el fragmento de un poema de Sor Juana Inés de la Cruz hombres necios que acusáis donde vemos un uso muy elaborado en su expresión de una forma de octosílabo (además de increíblemente moderno en su contenido)


¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?

Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.