Aprovechando que la muerte de los espacios virtuales es reversible, revivimos este blog para una nueva edición de los Poemas con excusa centrada en la otra muerte, la definitiva. En esta entrega, nuestros participantes habituales nos ofrecen décimas contra la Parca. Todas suss composiciones tomarán la estructura clásica de la
espinela.
Con espíritu
repentista,
Alejo Steimberg construye la primera décima a partir de un octosílabo encontrado, a la sazón la frase de un amigo. El lector memorioso de este blog constatará que, como es habitual en la técnica de la improvisación, base del repentismo, Steimberg recurre al uso de rimas que ya había utilizado en composiciones anteriores para facilitar la fluidez de la composición instantánea.
Federico Reggiani, autor de la segunda décima, utiliza también una cita como disparador, en este caso los dos últimos versos de la primera estrofa de
"Milonga de Manuel Flores", de Jorge Luis Borges. En las líneas que siguen, sin embargo, Reggiani se despega del estoicismo fatalista del texto fuente, introduciendo un toque de rebeldía luciferiana ante el fin inevitable de cada individuo.
Raúl Lozano permanece, en la tercera décima, en la misma tesitura. Discutiendo con el Creador, Palazón enlaza todas las muertes en una serie sin solución de continuidad, sin dejar de señalar lo indisociable de la experiencia vital con su finitud. Al final, aun acusando a su interlocutor divino de traición, la voz poética esboza la idea de que Dios muere también con cada una de sus criaturas.
Darío Steimberg termina la serie conservando el ánimo combativo, que desvía de la divinidad para dirigirlo contra la Muerte misma. Manteniendo el tono épico, la vida es presentada a lo largo del poema como la lucha eterna entre Eros y Tánatos. Esta última décima invita, de principio a fin y con energía contagiosa, a la defensa enardecida del impulso vital, representado con coherencia como un fuego.
Estos poemas no tienen, faltaba más, pretensión de originalidad. Desde las elegías griegas hasta cualquier poema funerario de la actualidad, pasando por Coplas por la muerte de su padre, el epitafio que Shakespeare escribió para su propia tumba e infinidad de otras obras, la muerte ha servido de estímulo a la escritura y al arte. La razón no es misteriosa: dar salida estética a la pena, el dolor o la desolación es una prerrogativa humana. No utilizarla sería un pecado, quizás el único verdadero.
***
Cuatro décimas mortuorias
I. (Alejo Steimberg)
"Pero qué mierda la muerte"
es lo que dijo mi amigo,
y entonces me hizo testigo
de un hallazgo a pura suerte.
Mas aunque el cuerpo esté inerte
permanece la memoria.
Que tenga o no tenga gloria
depende de aquel que queda,
que hará que ruede la rueda
si no abandona la noria.
II. (Federico Reggiani)
En su decir elocuente,
dijo el Ciego, en alta cumbre:
"Morir es una costumbre
que sabe tener la gente".
Y aunque de todo viviente
el morir es su destino
me parece un desatino
cada muerte individual,
en cada muerte está el mal:
peleándole a lo divino.
III. (Raúl Lozano)
En la muerte que me impones
toda muerte es muerte ajena
Y es la muerte una cadena
Tan repleta de eslabones
Que al nacer los descompones
Y al unirnos vitalmente
Nos regalas (vil presente)
Muerte propia sin más dudas
Que las dádivas de un judas
Suicidado por su mente
IV. (Darío Steimberg)
Muerte a la muerte que mata
acechando en los rincones.
Que presente sus blasones
a la vida que arrebata
y enardezca la fogata
de corazones que quedan.
Mientras haya que no cedan
que compartan la aventura
que es pasada y es futura,
cualquier límite transgredan.
A la memoria de Bruno Rota y de todos aquellos fallecidos demasiado pronto
2 comentarios:
¡Booom! Hablando de la muerte mientras el formato blog se resiste a morir. Gracias por los posteos amigo. Como siempre genial aportación y genial comentario. Prefería decírtelo por aquí que por wasap.
Gracias, compañero.
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