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viernes, 16 de diciembre de 2016

La libertad total como problema a resolver en la poesía (José Ben-Kotel como disparador)

José Ben-Kotel (en EEUU desde 1994 hasta 2014, luego en Israel)
La libertad absoluta, como todo el mundo sabe, es terrible, porque nada se parece más al todo que la nada. Poder ir a cualquier parte puede ser paralizante y llevarnos entonces a ningún lado. Una ruta tranquiliza, el espacio vacío no, porque nunca sabemos si avanzamos ni para dónde. En literatura, esa libertad maximiza el terror de la página en blanco, porque no hay nada más libre que la poesía libre y, por extensión, la poesía contemporánea. Poesía puede ser cualquier cosa: alcanza con que diga que es poesía. ¡Horror del demiurgo ante el peso de su propia responsabilidad! Pero l@s poetas escriben, así que soluciones hay. Y como esto es un blog y hay que decir cualquier cosa, me atrevo a sostener que son tres y sólo tres (nada mal como afirmación irresponsable, hasta para un blog). Y como la poesía no es una ruta, se pueden tomar todas al mismo tiempo (por supuesto, todos los poetas lo hacen).

viernes, 25 de octubre de 2013

Escribiendo desde ningún lado... y convirtiéndolo en un lugar (virtual)

Sancho en la Ínsula Barataria (que es ningún lado, como todo lugar imaginario)
Porque parecería que no hubiera poetas expatriados, sino poetas argentinos, chilenos, cubanos, venezolanos, que tienen como un dato en la biografía vivir en otro lado.

Y no: la poesía es lengua, se alimenta de lengua (y de habla), y entonces si la lengua que nos rodea no es importante la poesía no es más que una contradicción en sus términos. 

lunes, 17 de junio de 2013

Moís Benarroch, el glossanauta

Toda lengua (glossa  en griego) implica una historia, una visión del mundo y una forma específica de comunicar esta visión. Así, no es de extrañar que diversos escritores hayan escrito en más de una lengua. Lo hizo Beckett, que cuando dejó su lengua materna para escribir en francés lo hizo para empobrecer o desnudar voluntariamente su escritura, sometiéndola a los rigores de un idioma que le era extranjero. Lo hizo Gelman cuando, el tiempo de un libro, adoptó el ladino vinculándose con una de las facetas de la identidad judía. Y lo hizo Moís Benarroch (Tetuán, Marruecos, 1959; en Israel desde 1972), no una sino dos veces, en un notable itinerario que no comenzó ni en español, su lengua materna, ni en hebreo, la lengua principal del país al que emigró con su familia a los trece años, sino en inglés. Lengua neutral con respecto a su propia historia pero también (dixit) lengua del imperio.

jueves, 30 de mayo de 2013

Es lindo ver las cosas con los ojos raros de David Wapner

La voz poética de David Wapner (Buenos Aires, 1958; en Israel desde 1998) es la voz de un testigo que acepta con filosofía aquello que ve. Una voz amable pero no neutra, que no tiene ningún problema en fijar posición pero no por eso deja de tomar distancia de sí misma. Una voz que necesita exteriorizar sus preguntas para comprenderlas, como la versión literaria del mecanismo de digestión de una vaca. Es una voz que crea, que hace cosas de las palabras y de las palabras cosas, en un continuum que no se detiene. Una voz en la que el extrañamiento hace a las cosas raras y al mismo tiempo te da ganas de invitarlas a hablar. Una voz de un yo que vive en un mundo de cosas que son y no son y que está bien que así sea. Es una voz que, al escucharla, deja claro que se divierte consigo misma, como un perro feliz que se muerde la cola. Una voz (escritura) que puede ser autorreferente con la misma distancia con la que describe cualquier otro objeto. Una voz que dan ganas de oír.