No era éste el post que yo iba a escribir. El post que tenía planeado iba a tratar de las complicadas relaciones del kirchnerismo con los movimientos sociales K (a esta altura, ya ex-K en varios casos) no peronistas. Iba a hablar del alejamiento de Libres del Sur, del malestar al respecto de gran parte de la blogósfera nac & pop. Iba a decir que entendía el fastidio de muchos peronistas de izquierda que sentían que la historia se repetía, que los socios abandonaban el barco y a los que les auguraban, con encono no disimulado, un futuro de puro testimonialismo. ba a decir que yo, sin encono, compartía el miedo porque ese futuro se llegase a realizar. Iba a decir también que entendía, en términos políticos, la decisión de Libres del Sur, y que ojalá que no se estuvieran equivocando. Iba a decir que me daba pena que se fueran, porque lo que significaba para el proyecto que abandonaban y por la incertidumbre de su armado futuro. Iba a decir, además, que, aunque entendía el fastidio de los peronistas kirchneristas, esto no debía llevarlos a minimizar el hecho, que toda partida debilita al kirchnerismo, porque el kirchnerismo no es sólo peronismo. El kirchnerismo es, en su origen, peronista; el kirchnerismo no peronista no es, bajo ningún punto de vista, una pata de igual peso e importancia que el kirchnerismo peronista. Pero un kirchnerismo únicamente peronista, más allá de que uno pueda pensar que se desvirtúa, se debilita, porque el peronismo no es todo (y tal vez lo sea cada vez menos) kirchnerista. A mí no me gusta que un movimiento social decida irse del gobierno: me parece que debilita el proyecto al que pertenecía sin garantías de una construcción alternativa. Pero tampoco creo que el kirchnerismo peronista deba dejarse llevar por la bronca. En un comentario en alguno de los blogs como éste, un internauta decía que los K no peronistas debían ser realistas con respecto a su propio peso, que necesitaban más al peronismo de lo que éste los necesitaba. Eso, así enunciado, es cierto; sólo que el peronismo no es el kirchnerismo. El kirchenirsmo, el armado iniciado por el ex presidente, juntó peronistas con agrupaciones e individuos de otros horizontes para construir una identidad de centroizquierda y relacionada con el progresismo. Con Libres del Sur, con Langostino el Navegante Independiente o por su cuenta, al kirchnerismo le conviene cuidar esta identidad, para que el peronismo (otros peronismos) no se lo coman.
Eso, más o menos iba a decir. No tenía pensado hablar de Rico: no voto en Provincia, ese enorme sapo verrugoso no pasaba por el restaurant donde como. Pero al ver las reacciones que el apoyo o posible apoyo kirchnerista al hombre que no duda porque no es jactancioso cosechó, me pareció que quedó claro que ese apoyo era un error, que ningún caudal electoral que el proto-golpista pudiera cosechar lo justificaba, que lo que se perdía era muy grande.
Mientras escribo esto (maravillas de la escritura on line) me entero de el político al que se sindicaba como principal sostén de la candidatura de Rido salió a negar en las últimas horas su participación en esa movida (o a dar marcha atrás). Uf. Menos mal. No sé cómo pensaba cerra este post, pero ahora lo cierro con un poquito de alivio y expectativa (y le agrego un paréntesis al título). Que lo bajen por favoooooooooooooooooooooooor.
Cordiales saludos,
CC
Imagen de http://alvez-art.blogspot.com/

32 apuntaladores de ego:
El político al que se sindicaba como principal sostén de la candidatura de Rico no negó nada. Como mucho, intentó explicar las razones de ese apoyo.
En cualquier caso, la alianza con Rico no es un error sino una constante del kirchnerismo. Por eso es un buen dato la salida de Libres del Sur. Este gobierno nunca fue y nunca será un espacio en disputa, es tiempo de ir reconociendo su naturaleza conservadora. Hay que armar otra cosa, viejo.
"Hay que armar otra cosa, viejo". Sí, es muy cierto. Sobran los motivos. El único pequeño problema es la experiencia: ¿sabés cuantas veces a lo largo de mi larga vida escuché y leí esa muy justa frase "hay que armar otra cosa"? ¿Y sabés cuáles fueron los resultados? Seguro que lo sabés. La pregunta entonces sería, conociendo los antecedentes, ¿quiénes? ¿cómo? ¿con quiénes? De lo contrario, de lo único que se trata es de seguir extasiados contemplando nuestra propia lucidez progresista o revolucionaria mientras los que hacen algo concretamente son los que consiguen hacerlo en medio de transas y negociaciones con "eso" a lo que no nos queremos acercar.
Bueno, debatamos acerca de qué es ese "algo concreto" que se hace en medio de transas y negociaciones. Hoy, después de varios años creciendo, tenemos tantos o más pobres y tanta o mayor desigualdad que en los mejores tiempos del menemismo. Y esto no es una opinión, son datos duros.
Claro, armemos otra cosa. No vamos al picnic de Néstor, vayamos al de Tito. Así de fácil.
Digo yo ¿Cuando armaron algo que fuera alternativa de poder?.
Como siempre, la derecha la ve mas clara: para ellos el enemigo sigue siendo K. No este rejunte de "corazones tiernos".
Ciertamente que son duros. Propios de alguien que se comporta y piensa "en duro" y elige lo que le conviene. Por algo comparás con "los mejores tiempos del menemismo", no con mayo de 2003, y no tiene en cuenta otros datos, otras variables y otros hechos de gobierno. Si se hubiera concretado el ALCA, la pobreza y la desigualdad de ahora y de los tiempos de Menem y de mayo de 2003 las veríamos como un chiste amable.
Comparar con mayo del 2003 es un ejercicio similar al que practicaba el menemismo cuando contrastaba los datos del 93, ponele, con los del 89. El problema, estimado, es que desde el rodrigazo venimos de ciclo en ciclo, con crisis sucedidas por recuperaciones, pero, al final, siempre terminamos un escalón abajo. Y eso no se revirtió con el kirchnerismo.
Ahora, así como no dudo que nos podría haber ido peor, tampoco veo razones para adherir a la lectura fatalista según la cual esto es lo mejor que nos puede pasar.
Saludos.
carpe: la derecha la tiene tan clara que, por un lado, enfrenta a K y, por el otro, forma parte de su gobierno.
Lo de "corazones tiernos" es por aquello de "endurecerse sin perder la ternura"?
Fobia, eso, yo creo que les agarra fobia. Fobia a las masas. Sueñan tanto con ellas, las imaginan conduciendo, las imaginan adoctrinando, las imaginan... pero cuando están ahí, cerquita, cuando un amigo peronista les dice, Che.. acá están, vengan, les ofrezco ser parte de eso que sólo logra el PJ. Les dejo ahí las masas para que laburen, para que las conozcan, se las presento: "masas peronistas, estos son unos compañeros de la izquierda militante, se llaman Libres del Sur, desde ahora ellos forman parte de este proyecto""Libres del Sur, estas son las masas, aprovechen el tiempo, conózcanlas, aprendan como piensan, aprendan a hablarles, a escucharlas, sobre todo eso, escúchenlas". Bueno, parece que los muchachos no tienen ganas de aprender a conducir a las masas, parece nomás que los muchachos de LdS se contentan con imaginárselo...
En seguida te tiran con esa fórmula, "los pobres", como si les importara. Lo que en realidad (es lo que muestran los hechos) lo que les importa, lo que realmente les preocupa no son los pobres, los problemas reales de los pobres, su hambre, sus necesidades. Lo que les preocupa, ante todo y sobre todo, son los principios ("endurecerse sin perder la ternura") o, en el mejor de los casos, quedar bien con sus conciencia.
Coincido en gran parte con tu analisis. No es para despreciar ni denostar caliente la ida de Libres del Sur y otras organizaciones sociales del kirchnerismo. Y encima justo cuando aparece Rico en escena apoyado x Kunkel (no lo desmintió), y remontan Scioli y cia. Hay que recordar tambien que Tumini y Ceballos fueron, de quienes pusieron la cara en la crisis del campo, algunos de los que tuvieron los argumentos más solidos. De los peronistas el único que se me aparece al instante es Capitanich. Que el kirchnerismo reniegue año tras año de la
Transversalidad y se quede solo con el peronismo es un error: mal que (nos) les pese, el justicialismo es y fue una bolsa de gatos, sujeta a personalismos de cualquier signo que hoy puede ser Kirchner, ayer Menem y mañana Rodriguez Saa.
Claro, balvanera, sólo vos y quienes acuerdan con vos pierden el sueño por los pobres.
En otro orden, ¿cómo es eso de hacer política despojado de principios y conciencia? Y, ya que estamos, ¿me contás cómo se compatibiliza ésto con tu sincera preocupación por los problemas reales de los pobres, su hambre, sus necesidades?
Gracias, un abrazo.
Comandante,
recien encuentro el post y es justamente lo que quise decir en el de Mendieta: si el Kirchnerismo pierde su ala progresista no son votos lo que pierden, sino rumbo. Usted lo dijo mucho mejor y por eso no tuvo que bancar la parada con MEC, que nunca es fácil.
Hal,
Si el gobierno es un pragmatista sin principios entonces es absolutamente disputable pues hará lo que se sienta condicionado a hacer por el medio y por los votos. De lo contrario es un principista bobo o desmemoriado. El conflicto del campo debió haber sido capitalizado por el progresismo pues fueron ellos quienes, publicamente podían bancar al gobierno (y lo hicieron). Si después no tuvieron como (por ejemplo, porque los intendentes del conurbano bancaron a la gente y eso se convirtió en un compromiso desde una estructura y no una nebulosa) son dos mangos aparte.
Yo acuerdo con que el problema del progresismo es que nunca está dispuesto a comerse un par de sapos. A mi me gustaría que se quedaran para tener oportunidad de ejercer el poder y entonces demostrar cuales son los principios que tienen. Mientras tanto, la práctica política dice que... no tienen práctica política (o de construcción del poder, que es casi lo mismo).
Saludos!
El kichnerismo no es ni de izquierda ni revolucionario, creo que con respecto a eso no hay dudas. Ahora bien, ¿cuál es el proyecto revolucionario realmente existente con real alternativa de tomar el poder y con fuerza para sostener sus objetivos? ¿Cuántos millones (o al menos cientos de miles) de militantes pueden volcar a la calle en todo momento para garantizarlo?
¿O acaso alguien piensa que cuando se tocan intereses, el establishment se queda de brazos cruzados? Ya vimos y sufrimos la reacción de los agrogarcas y de sus aliados, los "multimedios independientes" con la 125 (incluyendo las apretadas a los legisladores y los votos no positivos del vicepresidente y del revolucionario Lozano). Los que quieren tomar el Palacio de Invierno sin las condiciones objetivas de la Rusia zarista y un partido Bolchevique detrás, harían bien en leer algo de historia y también de política latinoamericana actual, con los recurrentes intentos de golpe en Venezuela y Bolivia, entre otras lindezas.
El kichnerismo (pese a sus contradicciones, vacilaciones y agachadas, a sus prórrogas a las leyes mineras y de radiodifusión, a sus trenes bala, a sus Sciolis y Ricos) desde 2003 hasta ahora, entre otras cosas, pudo renovar la Corte Suprema, sostener una inobjetable política de DDHH, bajar el desempleo del más del 23% a menos del 8%, disminuir el índice de pobreza de más del 57% a menos del 30%, renegociar la deuda externa, reestatizar el servicio de agua, Correo Argentino y ahora Aerolíneas Argentinas, volver al sistema de jubilaciones de reparto, fijar retenciones a la renta petrolera con un tope de u$s 42 el barril (incluso cuando el precio internacional llegó a rozar u$s 150), aumentar en valores reales el salario mínimo y el haber jubilatorio mínimo a más del doble, sostener una política internacional que dio empuje al Mercosur y dijo no al ALCA...
Los que comparan al kichnerismo “con los mejores años del menemismo” harían bien en hacer un racconto de lo sucedido entre 1989 y 2003 (incluido el “golpe blando” de “mercado” de 1989, la ley de reforma del Estado, la ¿venta? de las empresas estatales a la centésima parte de su valor real, la triplicación de la deuda externa, la destrucción de la economía con la ley de convertibilidad, la destrucción del estado de bienestar, los indultos a los genocidas, las relaciones carnales, la corte suprema menemista con sus famosos “per saltum”, la voladura de Río Tercero, etc, etc, etc)
Buenas, buenas. A ver.
Balvanera y Carpe Diem: concuerdo con su manera de ver las cosas.
Hal, me parece que el umbral que usted pone para que un proyecto en el poder merezca ser defendido o disputado es insalvable. Yo no quiero que el tiempo se me pase en el banco de suplentes: yo quiero jugar, quiero tener algo para contar cuando vuelva a casa con las piernas doloridas, aunque ese "algo" sea que nos cagaron a goles y faulearon a morir. No quiero recusar al árbitro en todos los partidos: quiero jugar y de última perder; no jugar nunca es perder siempre.
Fede: ¿pero con el peronismo sólo alcanza?
Gearoid: coincidimos. También creo, como dijo Sergio en Artepolítica (en el post en el que linkeo a éste), que la cosa pasa porque el gobierno proponga medidas que atraigan más allá del PJ, que así surgió el kirchnerismo como cosa transpartidaria. Las ideas y el impulso para esas medidads pueden venir de muchos lados, los blogs sirven también. Sobre bolsas de gatos: un post, con la etiqueta "Estilos política", habla justamente de singularidades y diferencias de categorías bolsas de gatos, tomando como ejemplo al anarquismo, al jazz y al peronismo :).
Primo Louis: ¿qué post de Mendieta? Me interesa. Y gracias por el elogio al decir. Y de acuerdo con lo que responde luego.
El Eternauta: voy a repetir tu comment cada vez que me pregunten mi posición con respecto al gobierno.
Saludos y gracias por pasar.
No deja de sorprenderme el afan por leer cualquier moco del Kirchnerismo como una desviación del rumbo, y no como el rumbo.
Rico estuvo en el cumpleaños de Kunkel. Salió en la foto. "Hola, que tal, ¿me pasás un chizito? Están buenas las animadoras, ¿no?" ¿Quien de los aquí presentes invitaría a Rico a su cumpleaños?
Pasa lo mismo con la ley de glaciares, con los contratos petroleros, con las tierras del Calafate...
Comandante:
Gracias, me gustó tu post.
Simpático:
Dado que tu nick remite a la nota de Pino publicada en Página12, supongo que lo tenés de referente. En vida de Perón, Pino también debió tragar sapos de gusto no demasiado agradable, y en ese caso, bien adobados por el Líder. Por ejemplo, no recuerdo que, en vida del General, Pino haya hecho algún cuestionamiento público al nombramiento del represor comisario Villar como jefe de policía (al lado del cual, Rico puede pasar por San Pedro Apóstol).
Desconozco qué vendrían a ser el pragmatismo sin principios o el principismo bobo. Lo cierto es que toda práctica social remite a representaciones y a sistemas de creencias internalizados por el agente. Lamentablemente, las prácticas políticas del núcleo de decisión del dispositivo kirchnerista, y las representaciones y el sistema de creencias en las que aquellas encuentran fundamento, están muy lejos de poder ser caracterizadas como progresistas.
Por otro lado, ¿de dónde se deduce que el progresismo nunca está dispuesto a comerse un par de sapos? Todo lo contrario, el progresismo tiene una tonelada de sapos deglutidos voluntariamente. Si bien los progresistas de origen radical y peronista son quienes más experiencia acumulan en la materia, los progres orgánicos (los del Frepaso) no les van en zaga. Y en la actualidad tenemos progres tragasapos alistados tanto en el kirchnerismo como en la CC.
Podrán acusarnos de puristas a quienes no participamos de ninguna de tales experiencias pero lo cierto es que todos, o casi todos, nos enrolamos en alguna de las precedentes. O sea, todos hemos comido sapos. A juzgar por lo sucedido con el Frepaso -y no tengo dudas de que lo mismo habremos de decir sobre el progresismo K en un futuro cercano-, el problema no es negarse a la oportunidad de ejercer el poder. No, el problema es estar dispuesto a cualquier cosa con tal de encontrar esa oportunidad. Puesto en otros términos: si se trata de jugar, quiero elegir el equipo y el partido. No sea cosa que, con tal de jugar, lo haga en el equipo equivocado y marcando goles en contra.
La ausencia de alternativas progresistas no ubica, automáticamente, al oficialismo en ese lugar. Para ser precisos, no hay alternativas en condiciones de disputar el poder a la izquierda del kirchnerismo pero tampoco a su derecha.
La discusión por el umbral es interminable: ¿yo lo pongo muy arriba o el Comandante lo tiene casi por el piso? No se pretende un gobierno uniforme sino uno que marque tendencias positivas (o sea, aflojemos con las referencias ridículas a la revolución bolchevique). En el caso que nos ocupa, esas tendencias, por lo menos, se presentan contradictorias. Podríamos estar peor? Seguro, pero nadie puede probar que éste es nuestro techo.
Ahora, si es por hacer un punteo, consideremos algunas otras cosas: la Justicia Federal está casi como la dejó el menemismo; la política de DDHH hace agua cuando miramos el estado de las cárceles o el trato a los pendejos por parte de las fuerzas de seguridad; el desempleo cayó mientas duró el crecimiento y ahora, baja en la producción mediante, viene en aumento (esto sin contar con que el 40 por ciento de la población empleada se encuentra en relación de informalidad); después de seis años creciendo al 8/9 por ciento, hay que tener cara para celebrar que un tercio de nuestra gente vive en la pobreza (y no jodamos con el 57 por ciento que ese número no se sostuvo por más de un mes); vimos pasar decenas de miles de dólares en subsidios a favor de grandes grupos; la política sectorial que favoreció la concentración de la ganancia y la participación del capital financiero y extranjero en la industria de agroalimentos; la reestatización del correo, lejos de tener algún sentido estratégico o, cuanto menos, de implicar algún tipo de mejora en el servicio, sólo redundó en un fenomenal auxilio al Grupo Macri; se resignó cualquier posibilidad de política energética soberana; e infinidad de etcéteras.
No es cuestión de comparar al kirchnerismo con el menemismo sino de reconocer que hace décadas vamos de ciclo en ciclo, sucediéndose ininterrumpidamente las crisis y las “recuperaciones”, al costo de quedar, una y otra vez, un peldaño más abajo en lo concerniente a equidad y pobreza. Me encantaría reconocer que el actual oficialismo quebró esa tendencia, lamentablemente no es así. ¿Entonces? ¿Defendemos a capa y espada a estos fulanos por temor a que vengan peores o aportamos a construir algo mejor? Dennos la posibilidad a los progresistas blancos de incursionar por esta última vía y nosotros les respetamos a ustedes su opción sin colgarles el mote de posibilistas o cómplices. Después vemos.
Hola de nuevo.
Dice mi amigo el Simpático Payasuelo (no es ironía, es amigo en serio: nos pegamos virtualmente y somos como chanchos en persona):
"No deja de sorprenderme el afan por leer cualquier moco del Kirchnerismo como una desviación del rumbo, y no como el rumbo."
Qué loco: a mí me sorprende su insistencia en proyectar su creencia en esencias, motivos ocultos y objetivos verdaderos en el resto de las personas. Como ya dije varias veces, y como dice el Escriba en Artepolítica: los Kirchner quieren conservar el poder, y tomarán las medidas que crean necesarias. Por eso, el "rumbo" es maleable e influenciable.
Pero no, usted tiene razón: los kirchneristas son una manga de ilusos idealistas; en cambio la referencia que usted trae, Pino Solanas, es un ejemplo preclaro de capacidad de construir proyectos de poder viables y duraderos que permitan producir cambios estructurales en el país... Posiciones como la de Solanas (y la suya, infiero) llevan a torpedear a cualquier gobierno, como si todo lo que no es perfecto fuese malo.
Dice Hal:
"¿Defendemos a capa y espada a estos fulanos por temor a que vengan peores o aportamos a construir algo mejor? Dennos la posibilidad a los progresistas blancos de incursionar por esta última vía y nosotros les respetamos a ustedes su opción sin colgarles el mote de posibilistas o cómplices".
Desde mi umbral por el piso :), le pregunto: ¿por qué ese dualismo en la pregunta? ¿No se pueden hacer ambas cosas? Sabatella dice querer hacer ambas cosas, por ejemplo, y no hace oposición a lo pavote como otros.
¡Saludos!
Me parece que no, no se pueden hacer ambas cosas. O se es parte del dispositivo o no. De hecho, Sabbatella no es parte del dispositivo y está abocado a construir otra cosa. Eso no supone, de todos modos, que la única manera de oponerse al kirchnerismo sea al estilo Carrió.
Sobre su respuesta al compañero payasuelo, digamos que hay como un excesivo optimismo respecto a la posibilidad de influir en el rumbo. Todo gobernante quiere conservar el poder y eso no implica que cualquier agente, en cualquier circunstancia, pueda influenciarlo a voluntad. El gobernante, como todo actor social, siempre habrá de reaccionar a un estímulo a partir de un sistema de creencias y un esquema de representaciones dado.
“La ausencia de alternativas progresistas no ubica, automáticamente, al oficialismo en ese lugar”
En ningún momento afirmé que el kichnerismo es “progresista”. A lo sumo es tibiamente neokeynesiano, lo que, en el contexto actual, lo ubica muy adelante de la otras opciones políticas con posibilidades reales de acceder al gobierno. Por otra parte, ¿qué es el progresismo? La devaluación del concepto “progresista” queda en evidencia si se tiene en cuenta que el Frepaso (cuya propuesta política de máxima fue hacer antimenemismo y para ello no vaciló en aliarse en forma subordinada con la derecha radical; una fuerza cuyo máximo referente renunció, en una actitud ética, a su cargo pero no rompió con el gobierno) se (auto)consideraba un frente progresista.
Con respecto a la afirmación “no hay alternativas en condiciones de disputar el poder a la izquierda del kirchnerismo pero tampoco a su derecha”, acuerdo con la primera parte de la frase, pero disiento radicalmente con la segunda. La derecha dura no necesita disputar el poder porque es el poder; el poder económico, o sea (en una sociedad capitalista como la nuestra), el poder a secas. Cuando, tímidamente y con gruesos errores (por no identificar claramente al enemigo), un gobierno elegido democráticamente 6 meses antes por el 45% de los votantes roza mínimamente los intereses de una fracción hegemónica de la burguesía, ese grupo social responde con el mayor lockout patronal de la historia argentina (por otra parte, un lockout atípico y claramente sedicioso, ya que abiertamente coarta la libertad del resto de la sociedad, se propone el desabastecimiento -con todas sus secuelas-, manifiesta públicamente que desconocerá toda medida legislativa que no responda a sus intereses y se arroga la función de policía, mientras que internamente sigue produciendo en su beneficio) y logra -con gran despliegue multimediático- el apoyo activo de una significativa porción de las capas medias; una clara advertencia de lo que sucedería si las medidas se profundizan.
Se puede hacer un punteo de todo lo que no hizo o hizo mal el kichnerismo, o hacer un punteo de todo lo que hizo (malo y bueno). También se puede ignorar (o minimizar) la situación del país desde 1998 a 2003, olvidando el trueque, el pago en bonos, el corralito, el 13% de descuento en haberes jubilatorios y sueldos estatales, la pesificación asimétrica. Se puede ignorar (o minimizar) que la crisis fue el desemboque necesario y suficiente de un patrón basado en la especulación financiera y en el aumento de la deuda externa, que tuvo como objetivos, entre otros igualmente nefastos, la destrucción del tejido social, la entrega del patrimonio, la destrucción del modelo de sustitución de importaciones... Pero creo que el autismo político es muy peligroso, porque puede llevar a aceptar pasivamente (o, lo que es más grave, activamente) la reedición de situaciones anteriores.
En lo discursivo (o en la web, que es casi lo mismo), puede crearse una fuerza “progresista” que en teoría plantee las acciones necesarias que impliquen el quiebre y la superación decisiva de este patrón de acumulación, pero, nos guste o no, la política se resuelve en el ámbito de las prácticas concretas, y por el momento esa fuerza, como herramienta real y no virtual, es totalmente inexistente. Y en el ámbito de esas prácticas, junto a medidas francamente lamentables (y a las que es totalmente lícito cuestionar), el oficialismo tomó otras dignas del apoyo militante. El purismo discursivo, el “todossonlomismo” llevó, por ejemplo, a identicar a Macri y Filmus, con las consecuencias que conocemos.
Algunas aclaraciones necesarias:
* No creo que nadie, en el campo popular, festeje que casi la tercera parte de la población esté por debajo de la línea de pobreza, pero comparando este dato el que nos muestra que hace 5 años esa línea afectaba a más de la mitad de la población, es para mencionarlo. No es lo óptimo, pero es "algo".
* El argumento del negocio que hacen las empresas privadas con las estatizaciones fue repetido hasta el hartazgo por la oposición con la nacionalización de los ferrocarriles, en 1947. Citando (de memoria) a Scalabrini Ortiz, acuerdo con él cuando refiriéndose a ese hecho, sostenía que lo que importaba era que se recuperaba soberanía. Creo que el eje central de la discusión debe pasar por si las industrias o servicios estratégicos deben estar en manos del Estado o de empresas privadas. Las condiciones de la compra o expropiación, si están hechas de buena fe, están condicionadas por las relaciones de fuerza entre las partes intervinientes (mencionemos que el kichnerismo, en principio, no pensaba -al menos por lo que transmitió públicamente- estatizar el correo, sino darlo en concesión a otra empresa; pero el contexto impuso al oficialismo una práctica política que no estaba en sus planes, lo que muestra que el rumbo, muchas veces, se define sobre la marcha).
Yo desconozco como el Kircherismo funciona como dispositivo, no entiendo bien cuál es la referencia. Porque si es articulando condiciones objetivas, prácticas y discursos, en ese sentido uno podría decir que articula una práctica tirando a conservadora con un discurso progresista. Y a veces a la inversa. Pero la innovación en el campo de la política es claramente la introducción de elementos progresistas que no estaban presentes en el discurso central de los agentes políticos.
Yo creo que, por lo anterior, necesariamente la posibilidad de construir una alternativa progresista requiere recuperar esa innovación, incluso para transformarla. Intentar una ruptura completa con el "dispositivo" los agentes y su prácticas implica un retroceso en esa relocalización de "la cuestión progresista" en el tablero de la política. Especialmente porque, como vos decis, los actores no están a la derecha ni a la izquierda, pero las corporaciones si. Y la política, por una cuestión de repetición y rutinización de las prácticas (que terminan tornando en identidad) suele terminar representando intereses corporativos. Y estos son de derecha, vale decir.
Y para no hacerla tan larga, una perlita:
Dice Hal:
¿Defendemos a capa y espada a estos fulanos por temor a que vengan peores o aportamos a construir algo mejor? Dennos la posibilidad a los progresistas blancos de incursionar por esta última vía y nosotros les respetamos a ustedes su opción sin colgarles el mote de posibilistas o cómplices".
Dice CC:
Desde mi umbral por el piso :), le pregunto: ¿por qué ese dualismo en la pregunta? ¿No se pueden hacer ambas cosas?
Dice Hal:
Me parece que no, no se pueden hacer ambas cosas.
Dice Primo Louis:
No entendí lo de Hal, me lo puede repetir o era sólo retórica? Típico de la progresía que se hace la abierta hasta que le dicen que no acuerdan. Ahi las asambleas pasan a durar todo lo que sea necesario para conseguir que se vote lo que ellos quieren. ;)
Un abrazo!! (están invitados a la reunión de la Columna Norte de la blogueria nacional y popular el jueves aquí en Córdoba!).
Buenas.
Hal, Sabbatella construye lo suyo sin salir a criticar a lo pavote al Gobierno (con lo que no ganaría nada). Todo bien con las nuevas construcciones, pero dinamitar una casa para irse a otra que no tiene ni los cimientos no me convence (lo digo por lo que usted escribe, no por Sabbatella, obviamente).
Vuelvo a estar de acuerdo con Juan Salvo.
Primo, muy bueno lo suyo. A los lectores, la invitación a la reunión en la comarca del berro y el burro Julián (lo que son los recuerdos de las vacaciones de infancia...) la pueden leer acá.
Saludos a mis distinguidos lectores y comentaristas,
El CC
Cuando la cosa se hace tan larga, opto por el punteo para no dejar asuntos sueltos. Usted sabrá disculpar, don Eter.
Veamos:
1. Está claro, sí, que el kirchnerismo es una versión muy mejorada del menemismo en tanto este último se limitó a enunciar su voluntad de derramar mientras que el primero, efectivamente, se preocupó por llenar y mover la copa para que algo derrame (la expresión es un choreo abierto a Martín, de http://revolucion-tinta-limon.blogspot.com/). Ahora, eso tiene más de lúcido conservadurismo que de progresista. Podemos coincidir en que alcanza para diferenciarlo positivamente de algunas otras opciones políticas pero, es justo señalar, no de todas. Aclaro que desconozco cuáles son las opciones a las cuales les atribuye posibilidades reales de acceder al gobierno.
2. Si el progresismo como concepto está devaluado, ¿qué queda, entonces, para peronismo, gorilismo, izquierda, derecha, populismo, oligarquía, y multitud de etcéteras? Mal que nos pese, vivimos tiempos de pocas certezas y caída de paradigmas.
3. Suponiendo que por derecha dura debamos entender poder económico, bueno, tenemos derecha dura lidiando y acordando con el gobierno. O sea, más de una fracción hegemónica de la burguesía ha hecho muy buenos negocios con el kirchnerismo. Es más, ya existen fracciones de esa burguesía a las que podríamos caracterizar como filo-kirchneristas sin estar exagerando (mucho).
4. No me parece que la experiencia del conflicto campestre sea muy ilustrativa para anticipar qué partido tomarían los diversos sectores medios ante cualquier tipo de medida progresista. A mi modo de ver, la política rural y la estrategia comunicacional oficialista tenían demasiadas contradicciones. En tales circunstancias, nadie debería haberse sorprendido por la imposibilidad de lograr una articulación efectiva de los sectores populares en un mismo bloque, confrontando con los grupos dominantes.
5. El kirchnerismo es ruptura tanto como continuidad. En este punto hay que ser muy cuidadosos porque, así como hay situaciones que pueden reeditarse, hay otras que nunca fueron superadas (empezando por la apuesta a distribuir por vía del derrame y pactar gobernabilidad con alguna fracción de las clases dominantes). Digamos que el autismo es un riesgo común para quienes estamos dentro y fuera del kirchnerismo.
6. Las referencias al “todossonlomismo” y a la identificación de Macri con Filmus debería dirigirlas a quien corresponda. Eso sí, no olvidemos que también se identificó a Telerman con Macri y que desde el FpV se contribuyó mucho a favorecer la dispersión del espacio antimacrista.
Con relación a la inexistencia de una fuerza “progresista”, no veo por qué estaríamos condenados perpetuamente a dicha situación. Agregaría que el posibilismo es tanto o peor enemigo de esa hipótesis que la vocación testimonial de algunos compañeros.
7. Hoy la pobreza es menor que cinco años atrás y merece ser destacado. Cuatro o cinco años después de asumido, Menem también podía exhibir mejoras en ese campo. Esos ciclos se reiteran desde el Rodrigazo y es necesario tenerlo en cuenta sin por ello dar por sentado que todos los ciclos y todos los actores involucrados son equivalente.
8. ¿En serio pretende que me detenga a detallar las sutiles diferencias que separan al proceso de nacionalizaciones del primer peronismo con la estatización del correo que regenteaba Macri padre? Vamos, che, aflojemos.
Saludos.
Primo, Comandante: si me tienen paciencia, mañana les ofrendo unas líneas. Hasta entonces.
Estimado Hal, voy a ir contestando sus inquietudes, cuestionamientos y observaciones por partes, ya que me obliga a una respuesta bastante larga:
1. Si Ud. quiere comparar el neokeynesianismo con el neoliberalismo, es cosa suya, no mía. En lo único que puedo coincidir con eso es que ambas vertientes son variantes del modo de producción capitalista, pero, dentro de este sistema, existen patrones de acumulación mucho más soportables que otros.
Llamo “opciones políticas con posibilidades reales de acceder al gobierno” a aquellas que, en una democracia como la nuestra, puedan lograr un mínimo porcentaje electoral por encima de “la nada”.
En las elecciones del 2003, las agrupaciones o frentes con alguna posibilidad de llegar estuvieron representados por Carrió (14,05%), Rodríguez Saa (14,11%), López Murphy (16,37%), Kirchner (22,24%) y Menem (24,45%). En las elecciones del 2007, las opciones estuvieron representadas por Rodríguez Saa (7,64%), Lavagna (16,91%), Carrió (23,04%) y Fernández (45,29%). En estas últimas elecciones, la izquierda en conjunto (incluyendo la agrupación de Pino Solanas) sumó menos del 4% de los votos, mientras que en la del 2003 (con mucha mayor dispersión de votos por parte del electorado) sacó el 4,37% (incluyendo al Partido Humanista). Por ejemplo, no creo que nadie (salvo quizá sus propios militantes) pueda pensar que, por ejemplo, el PO esté en condiciones de acceder al gobierno en lo inmediato. No está de más recordar que la “izquierda” argentina (que solo interpreta en forma cerrada y dogmática el pensamiento clásico), cuando llega a sus mejores desempeños, comienza una denodada acción de cariocinesis hasta lograr transformarse en una multitud de microagrupaciones similares entre sí, que se disputan sus pocos militantes y electores.
En cuanto al progresismo, por su ambigüedad ideológica y conceptual se hace más difícil su caracterización. Retomando el ejemplo del Frepaso, considerar al Pais (la agrupación de Bordón) como un grupo político progresista, creo que ya es caer en un abuso de lenguaje. Pero el problema que tienen estas agrupaciones es que generalmente logran inserción casi únicamente dentro de sectores de las capas medias, que, históricamente (y no solo en nuestro país) ideológicamente y en su accionar casi siempre terminan siendo funcionales a la derecha (por ejemplo, en la actualidad basta leer los foros de Crítica digital, un medio considerado vocero de determinados sectores del progresismo, para ver el huevo de la serpiente).
A eso hay que agregar que este progresismo generalmente tiene presencia en meros frentes electorales y su accionar no se proyecta más allá de unos pocos años.
Le devuelvo la pregunta, Hal: en el contexto actual, ¿qué fuerzas considera en condiciones reales de acceder al gobierno? De esas fuerzas, ¿cuáles aparecen como superadoras de las actuales políticas socioeconómicas (con todos los cuestionamientos que varias de éstas puedan justificadamente recibir)? ¿Cuáles, además de ganar una elección, estarían en condiciones de sostener políticas que afectasen a fracciones hegemónicas de la burguesía? Acaso, en la actualidad, ¿existe alguna fuerza política o social con capacidad de movilización para sostener esas políticas? Me refiero al momento actual y al futuro inmediato, no a tiempos históricos.
2. Coincido con Ud., vivimos tiempos de pocas certezas y caída de paradigmas. Pero esta situación no convierte al “progresismo blanco” en el proyecto superador del actual modelo. ¿Qué figuras con proyección nacional encarnan ese modelo? ¿Pino, Ibarra, Binner, Juez? Las defecciones en el accionar que muestra el kirchnerismo se replican en forma ampliada en otras que muestra el progresismo, pese a que no tiene las presiones de ser el partido gobernante, que siempre obligan a espacios (muchas veces desagradables) de negociación. ¿Cuál fue la toma de posición de cada uno de los nombrados en el primer conflicto serio (y en serio) que tuvo el gobierno con una fracción hegemónica del poder, la históricamente reaccionaria y golpista gran burguesía agraria?
3. El kirchnerismo pacta (o negocia) con algunas fracciones de la burguesía, pero, en simultáneo, toma medidas que afectan a esas u otras fracciones. Ya dije (y en esto estamos de acuerdo) que no se trata de un gobierno revolucionario, pero, pese a ello, es el primero desde el inicio de esta era democrática (salvo el primer año del gobierno de Alfonsín) en que se toman medidas de fondo para la recuperación de los instrumentos del estado. ¿Cree Ud. que con un gobierno “progresista” no habría fracciones hegemónicas de la burguesía que harían buenos negocios? (Y dada su base electoral, no creo que un gobierno de este tipo tomase medidas como la reforma jubilatoria). Solamente un gobierno revolucionario puede plantearse afectar en profundidad las relaciones de poder. Por ejemplo, no lo pudo hacer hasta ahora Chavez, pese a su definido perfil ideológico y capacidad de movilización.
4. En los inicios del conflicto campestre el gobierno cometió gruesos errores, como dije en un comment anterior. Pero la medida era totalmente lícita y recuperaba para el estado una parte de la renta extraordinaria que la situación internacional proporcionaba a la burguesía agroexportadora. Los errores fueron corrigiéndose sobre la marcha, pero la abierta alianza entre los multimedios y el “campo” mostró una determinada “realidad”, con pobres pequeños chacareros muriéndose de hambre frente a un gobierno que expropiaba sus pocas ganancias.
¿Es necesario recordar que los productores con menos de 300 ha. no son exportadores, y que, con la valorización de la tierra, en el término de 5 años los propietarios de la zona núcleo multiplicaron por 10 o 15 el valor de sus propiedades? Llamar “pequeño” a un propietario (en un alto porcentaje, rentista) que tiene bienes valuados en u$s 4.000.000 (si posee 250 o 300 ha. en la zona núcleo), es un insulto para un trabajador o un pequeño propietario real.
Indudablemente, lo ideal hubiese sido la nacionalización del comercio exterior, algo que no estaba en los planes del gobierno; viendo la respuesta de la “gente linda” en el conflicto, puede deducirse fácilmente en qué hubiese terminado una medida de ese tipo.
5. Coincido con que el kirchnerismo es tanto ruptura como continuidad (si fuese solo ruptura estaríamos ante un gobierno revolucionario). Pero las líneas de ruptura son las más profundas desde la recuperación democrática. El kirchnerismo tomó el gobierno en una situación de extrema debilidad, con solamente algo más del 22% de los votos (como segundo frente electoral) y en uno de los peores períodos de crisis del país; en el término de 5 años fue remontando varios aspectos de esa situación aunque aún quedan deudas sociales muy importantes. Las alternativas en los días previos a las elecciones eran Menem (que destruyó el estado de bienestar y llevó a cabo la más profunda transformación del estado desde el primer peronismo, pero en sentido opuesto) y Lopez Murphy, el ministro de defensa y, durante unos días, ministro de economía de la Alianza. Es decir, con los otros candidatos no había sorpresas en cuanto a saber lo que sería el gobierno. Sí las hubo, y positivas, con Kirchner (a quien muchos votamos con gran recelo como el mal menor ante el peligro cierto que significaban las otras opciones), comenzando (cronológicamente) con la política de DDHH y la política exterior. Durante los gobiernos de Nestor y Cristina se cometieron errores (algunos serios) y se produjeron hechos cuestionables. Pero, haciendo el balance entre lo positivo y lo negativo, y considerando lo que es gran parte de la oposición (que -por su historia- no hubiese tomado ninguna de las medidas positivas que tomó el gobierno), no tengo dudas de seguir apoyando críticamente al kirchnerismo. Por otra parte, un dato no menor es la divisoria de aguas en el electorado. El odio de clase y racismo manifestado por un conjunto significativamente numeroso de la base electoral de la oposición me despeja dudas sobre la vereda en que quiero situarme.
6. Bueno, es una satisfacción ver que no integra esa oposición gorila que accede a la existencia por ser “anti”. Es cierto, en la campaña electoral porteña el kirchnerismo porteño cometió varios errores (y los sigue cometiendo en la actualidad). Por otra parte, la alianza CC-Telermanismo no era un dato demasiado alentador. A eso hay que sumarle que casi toda la “izquierda” y una parte del progresismo caracterizaron a Macri y Filmus como lo mismo.
El 60% obtenido por la gran esperanza blanca del electorado porteño, los foros de Crítica, Perfil y La Nación, la cantidad de cadenas de mails circulando con mensajes cloacales muestran muy significativamente cual es el pensamiento de un sector mayoritario de las capas medias porteñas, que, paradójicamente, se asumen como “cultas” frente a la negrada choripanera.
Cuando hablo de la inexistencia de una fuerza progresista, me refiero al presente y al futuro inmediato, no a tiempos históricos (como ya lo dije en otros comments). El kirchnerismo no es el fin de la historia fukuyamista, sino un proceso con contradicciones, tensionado hacia la derecha e izquierda, que se da en este presente (un presente, que, a nivel internacional, muestra la mayor crisis del capitalismo desde la del 29). En la actualidad no existe ni se avizora una fuerza con presencia a nivel nacional situada a la izquierda del kirchnerismo. Esto no es posibilismo, sino una lectura de la realidad compartida por gran cantidad de politicólogos, incluso algunos muy críticos de los K.
7. Coincido con Ud. en que merece ser destacada la disminución de la pobreza, aunque se esté lejos muy de lo óptimo (en realidad, lo óptimo es que, dentro de las potencialidades del país, no exista ningún pobre). La situación en la época menemista, a 5 años de haber asumido, era estructuralmente distinta. El país ya había enajenado todo su patrimonio y, pese a eso, la deuda externa había aumentado un 60%. Se vivía un ficticio “1 a 1” que conducía inexorablemente al abismo.
Los ciclos de auge-crisis son inherentes al capitalismo. Las épocas de crisis siempre determinan perdedores netos, con transferencias del sector asalariado y de algunas fracciones de la burguesía a otras, y pero hay políticas que aceleran el vaciamiento de los bolsillos de los trabajadores, a veces en forma brutal (como el Rodrigazo) y hay otras que mitigan o frenan este proceso.
8. En mi comment no dije que la actual estatización del correo sea igual al proceso de nacionalizaciones del primer peronismo (dadas en contextos nacional e internacional muy distintos a los actuales y mucho más favorables para el país en 1947). Pero el tipo de críticas de la oposición tiene muchas similitudes.
¿Debo deducir de sus palabras que prefiere un correo en manos del grupo Macri o de otro grupo privado, a un correo estatal? Porque las alternativas a la estatización eran: que siguiera en manos de Macri (algo que, salvataje mediante, posiblemente hubiesen hecho Menem o De la Rúa), o que pasase a otro grupo privado.
Sigamos, compañero:
1. Confundir neoliberalismo con neokeynesianismo es un error, claro, pero tampoco es bueno usar esos conceptos como si fuesen etiquetas para tratar de encajar la realidad (por lo menos, la realidad de estos lares) dentro de los modelos del manual. En cualquier caso, lo que vincula a los "modelos" de Menem y Kirchner no es tanto el patrón de acumulación sino la matriz de distribución. O sea, ambos apostaron al derrame. De las diferencias ya hablé.
2. Contesto a su pregunta con una obviedad: fuerza en condiciones de acceder al gobierno es aquella que está en condiciones de ganar una elección. Ergo, sólo veo al actual oficialismo en ese sitial, sin rivales significativos a izquierda y derecha. Considerando, entonces, que estamos muy lejos del panorama que presentaba el 2003, ¿cuál es la tarea a encarar en el momento actual y en el futuro inmediato? Yo opto por la construcción de una alternativa a la izquierda de lo que existe para, justamente, modificar en el sentido anhelado lo que existe. En el caso de que mi opción no fuese la correcta, ahí estará esa gran cantidad de politicólogos disputando al interior del kirchnerismo para resolver las contradicciones del proceso.
3. Si de ambigüedad ideológica y conceptual se trata, nada como el proyecto K. Lo que se nos complica es el intento por confrontar a los progresismos blanco y negro según los alineamientos habidos durante el conflicto rural, porque, básicamente, usted y yo tenemos lecturas bien distintas sobre tal proceso. No sé si vale la pena volver sobre el punto pero, por si le interesa cambiar pareceres al respecto, agregaría que las retenciones no se han mostrado como un instrumento muy eficiente para llevar progresividad al esquema tributario con que se grava al sector; tanto las exportadoras como los propietarios (la mayoría de los cuales se dedican a vivir de rentas) terminan descargando su costo en los productores y, para peor, durante años esto se aplicó sin ninguna distinción por volumen o zona de producción. Sin dudas que ese dato y sus derivaciones están en el origen de dicho conflicto. Sume a eso los millonarios subsidios estatales que beneficiaron a los eslabones más concentrados de la cadena de producción y las facilidades que encontraron los capitales financieros y extranjeros para invertir en el negocio. Por supuesto, cuando el gobierno aceptó a regañadientes un esquema de segmentación, ya casi todos los actores involucrados estaban en un mismo bando. Pregunto, ¿de dónde saca que un productor con menos de 300 ha no es exportador?
Tampoco coincidimos en que las defecciones en el accionar que muestra el kirchnerismo se replican en forma ampliada en otras que muestra el progresismo. Habría que abundar al respecto.
4. Otro punto de discordia es eso que denomina "recuperación de los instrumentos del estado". Mire, esos instrumentos, del 47 para acá, estuvieron en manos de infinidad de gobiernos y su uso no necesariamente redundó en una sociedad más igualitaria y democrática (por caso: ¿existían las AFJP durante la Dictadura?). Habría que debatir qué instrumentos se recuperan, a qué costos y a qué fines. Reestatizar el correo para salvaguardar las cuentas del grupo Macri no se presenta como la mejor alternativa, y no está claro que tenga algún valor estratégico el manejo de la empresa en cuestión.
De igual modo, si la actual estatización del correo no tiene correspondencia con el proceso de nacionalizaciones del primer peronismo, es de nula relevancia el grado de similitud que pueda encontrarse en los planteos de aquellas y estas oposiciones. Lo que cuenta es el grado de veracidad que pueda existir en los argumentos expuestos.
5. Pongámoslo al revés, el kirchnerismo toma medias que afectan a determinadas fracciones de la burguesía mientras pacta o negocia con esas u otras fracciones. No es esto, en abstracto, lo que cuestiono sino el tipo de pactos y negocios. Expresado de otro modo, no me gusta el formato "capitalismo de amigos" que se viene configurando.
6. Un gobierno progresista no puede asentarse únicamente en una base electoral integrada por sectores medios. Si lo que se pretende es acceder al gobierno del Estado, el desafío central está en disputar base con las dirigencias pejotistas.
7. De los sectores medios digamos que su heterogeneidad vuelve difícil la tarea de encasillamiento que usted pretende. No obstante, vale acotar que funcionales a los intereses de la derecha también han resultado, más de una vez, las prácticas políticas de las clases humildes. Cosa lógica, por otra parte, dado que las prácticas sociales tienden a mantener el orden dado antes que a cuestionarlo, y que los esquemas de percepción y representación internalizados por los distintos agentes favorecen estrategias de subsistencia y adaptación antes que de resistencia.
Saludos.
Estimado Hal, contesto algunos puntos.
1. ¿Podría indicarme dónde y cuándo el menemismo aplicó el derrame? Yo no lo encuentro. Si se trata de una adscripción ideológica a esa teoría, no creo que el kirchnerismo actual adhiera a ella, ya que sus propuestas discursivas pasan por el redistribucionismo, por lo que, a nivel teórico, no comparten la misma matriz de distribución. En cuanto a las prácticas concretas, sí, es cierto, existe una deuda social pendiente que el kirchnerismo va cubriendo muy lentamente para las urgencias de la hora. También es cierto que el entramado de intereses existente pone obstáculos muy grandes a cualquier intento de redistribucionismo. Este problema no es sólo de nuestro país; basta con ver la reacción del poder económico -con apoyatura en una activa oposición de los sectores medios- en Venezuela, Bolivia y Paraguay (donde, en los dos primeros casos, la capacidad actual de movilización de los sectores populares es infinitamente mayor que en nuestro país).
2. Me parece muy loable intentar construir una alternativa a la izquierda de lo que existe, superadora del contradictorio y, a veces, zigzagueante desempeño del gobierno. Pero si se tiene en cuenta que en 5 años no se construyó nada importante en ese sentido (mientras que se pretende que en esos mismos 5 años el gobierno haga “todo” en sentido progresivo), y considerando las desdichadas experiencias anteriores, creo que esa fuerza por ahora está en una etapa puramente declarativa, más como expresión de deseos que como alternativa válida. Por otra parte (y discrepando con Ud.) creo que, aunque aún no hay una figura claramente aglutinante en ninguno de los dos polos, mientras la izquierda tiende a permanecer relativamente estable, el crecimiento se da por la derecha, a partir del conflicto con el “campo”. Este punto va a quedar dilucidado con las elecciones del 2009.
3. Cuando hablaba de ambigüedad, me refería al progresismo comparado con la clara definición ideológica de las corrientes de la izquierda clásica (lo que no significa acordar con su visión de la realidad). No tengo dudas que el kirchnerismo presenta ambigüedad ideológica y conceptual, pero, cuando nos fijamos en las prácticas concretas, comparando, por ejemplo, lo que fue la actuación gubernamental del Frepaso (fuerza que se presentó como progresista) con la que desarrolla el kirchnerismo (con sus contradicciones y zonas oscuras), me queda más claro el por qué de mi apoyo crítico (y para nada incondicional) al actual gobierno.
Con respecto al conflicto con el “campo”, el contexto lo proyecta mucho más allá del hecho puntual de las retenciones móviles; en este tema coincido con el análisis que hacen Grüner y León Rozitchner.
La mención sobre los productores de menos de 300 ha está referida a un problema de rentabilidad; para un productor que trabaja a esa escala no es rentable armar un aparato exportador.
4. El control efectivo de un sólido aparato estatal es condición necesaria pero no suficiente para la implementación de políticas en favor de las mayorías populares; la posesión de esos instrumentos no garantiza que un gobierno sea popular, pero un gobierno popular que no tenga control sobre ellos tiene totalmente limitado su accionar político para enfrentar al establishment. Esto lo tuvo muy en claro Perón cuando implementó su política de nacionalizaciones, y también lo tuvo muy en claro Alsogaray desde sus inicios políticos, con su crítica permanente al “estado elefantiásico”. También lo tuvieron en claro varios intelectuales orgánicos de la burguesía, con su prédica permanente en favor del desguace del estado
Las nacionalizaciones del 47 se hicieron cuando Argentina era un país acreedor de Gran Bretaña, con una parte de sus fondos bloqueados en ese país. La reestatización del Correo Argentino se llevó a cabo por incumplimiento de contrato, por no abonar el canon correspondiente (incumplimiento que databa de 1999,
pero esta situación no llevó ni al gobierno de la Alianza ni al de Duhalde a tomar medidas de ese tipo, pese a los informes de la Auditoría General de la Nación y de la Sigen, quizá para no favorecer las cuentas del grupo Macri).
Vamos redondeando:
1. El menemismo discurseó sobre el derrame tanto como el kirchnerismo lo hace ahora sobre la redistribución del ingreso. En ambos casos, más allá de las intenciones y las teorías enunciadas, la práctica no se condijo con los discursos. Lo bueno del kirchnerismo es que, cuanto menos, hizo realidad el sueño menemista.
2. ¿El temor a una reacción del poder económico explica, por sí mismo, que el Gobierno no implemente políticas redistributivas? Creo que, si existiera cabal convicción y entendimiento respecto de lo que implica redistribuir, otro hubiera sido el itinerario seguido por el oficialismo en estos años (subsidios, impuestos y asignaciones universales son tres buenos ejemplos), aún considerando la amenaza latente de una represalia por parte de las clases dominantes. De igual modo, un programa claro en la materia favorecería una mayor movilización de los sectores populares.
3. Si en cinco años no se construyó una alternativa a la izquierda de lo que existe, mejor empezar ahora que esperar otros cinco.
4. Ni el oficialismo ni la oposición, a mi humilde entender, resultan espacios tan homogéneos como para asignar fácilmente las etiquetas de izquierda y derecha. Tampoco el conflicto rural ayudó a poner claridad en ese punto. Sobre este último tema, no hace falta decir que discrepo con las lecturas de Grüner y Rozitchner: el conflicto polarizó mal, a partir de ejes erróneos y discursos pletóricos de falacias. Con cualquier resultado había ganancias y pérdidas para los sectores populares. (Digresión: la producción a menos de 300 ha en zona núcleo sí es rentable. Claro, para eso debe venderle a los traders exportadores quienes le cargaban a estos productores el peso de las retenciones)
5. La actuación gubernamental de lo que alguna vez fue el Frepaso también hay seguirla en Morón, Rosario, Santa Fe e, incluso, en la gestión de más de un funcionario que hoy integra las huestes K. Entiendo que, en el promedio, la cosa cambia.
6. Un sólido aparato estatal también era característica distintiva en la Alemania Nazi o en la URSS de Stalin. El tema en cuestión es qué tipo de Estado y para qué sociedad.
En lo que respecta al caso puntual del Correo, la reestatización se hizo con el acuerdo del prestador privado que lo gerenciaba, ¿no le da para sospechar? Si existía un incumplimiento que databa del 99, ¿el Estado no debería haber sido indemnizado?
Saludos y felicidades.
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